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martes, 8 de marzo de 2016

La torre Eiffel y sus críticas.



    En Gardenias en el lago, Blake y el señor Gardner hablan sobre los nuevos materiales de construcción, entre ellos, el hierro, y mencionan la Torre Eiffel, cuyo levantamiento ya ha comenzado. El señor Gardner manifiesta su desaprobación, al considerar que el monumento es horrible, y Blake le habla de las protestas que artistas e intelectuales están llevando a cabo.


    Como ya sabemos, el proyecto de una torre de 300 metros nació con motivo de la preparación de la Exposición Universal de París, en 1889, aunque en primer lugar se había presentado para la celebrada en Barcelona, que fue rechazada y, en su lugar, se aceptó el monumento a Colón.



    Los dos ingenieros principales de la empresa Eiffel, Émile Nouguier y Maurice Koechlin, habían tenido la idea de una torre muy alta ya en 1884, diseñada como un gran pilar con 4 columnas separadas en la base a modo de patas que se unían en la parte superior, unidas entre sí por vigas metálicas dispuestas en intervalos regulares. La compañía tenía dominado perfectamente el principio de los soportes de puentes. El proyecto de la torre era una extensión de este principio con una altura de 300 metros, es decir, el equivalente a la cifra simbólica de 1000 pies de los soportes de puentes. El 18 de septiembre de 1884 Eiffel patentó “un nuevo diseño que permitía construir soportes y postes metálicos capaces de alcanzar una altura superior a 300 metros.



    El montaje de las patas comenzó el 1 julio 1887 para terminar veintiún meses más tarde. Todos los elementos se prepararon en la fábrica de Levallois-Perret cerca de París, sede de la empresa Eiffel. Cada una de las 18.000 piezas de la torre fue diseñada y calculada antes de ser trazada al milímetro y ensamblada por elementos de unos cinco metros. Sobre el terreno, entre 150 y 300 obreros, dirigidos por un equipo de veteranos en grandes viaductos metálicos, se encargaron del montaje de este gigantesco mecano.



     Y en cuanto empezaron a aparecer las primeras imágenes del proyecto, llegaron las críticas. Leon Bloy la calificó de “trágica farola”; Verlaine, de “horroroso esqueleto de atalaya”, Sully Purdhomme dijo de ella que era la “Nôtre Dame de la quincalla”; Joris-Karl Huysmans la consideró una “un tubo de fábrica en construcción, un armazón que espera ser cubierto por piedras o ladrillos, esta alambrera infundibuliforme, este supositorio acribillado de hoyos”. Maupasant, tal vez el más célebre de sus detractores, escribió: “pirámide alta y flaca de escalas de hierro, esqueleto gigante falto de gracia, cuya base parece hecha para llevar un monumento formidable de Cíclopes, aborto de un ridículo y delgado perfil de chimenea de fábrica” y cuando estuvo construida añadió que el mejor lugar de París para almorzar era debajo de la Torre Eifell, porque era el único lugar desde no se veía ese mamotreto.




    Recogiendo la opinión de muchos más, en el periódico Le Temps apareció, dirigida al Sr. Alphand (director de obras de la Exposición), la “Protesta contra la torre del Sr. Eiffel”, firmada por grandes nombres del mundo de las letras y las artes, como Charles Gounod, Guy de Maupassant, Alexandre Dumas fils, François Coppée, Leconte de Lisle, Sully Prudhomme, William Bouguereau, Ernest Meissonier, Victorien Sardou, Charles Garnier y otros a quienes la posteridad ha favorecido menos. Uno de los fragmentos de esta protesta decía:

     ""Nosotros, escritores, pintores, escultores, arquitectos, apasionados aficionados por la belleza de París hasta ahora intacta, venimos a protestar con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra indignación, en nombre del gusto francés anónimo, en nombre del arte y de la historia francesa amenazadas, contra la erección en pleno corazón de nuestra capital, de la inútil y monstruosa torre Eiffel, a la que la picaresca pública, a menudo poseedora de sentido común y espíritu de justicia, ya ha bautizado con el nombre de Torre de Babel. (...) ¿La ciudad de París va a relacionar los más antiguos edificios barrocos con las mercantiles imaginaciones de un constructor de máquinas, para afearse irreparablemente y deshonrarse? (...).
     Para hacerse una idea de lo que adelantamos, basta además imaginarse una torre vertiginosamente ridícula dominando París, así como una negra y gran chimenea de una fábrica, aplastante con su enorme masa. (...) todos nuestros monumentos humillados, toda nuestra arquitectura venida a menos, desapareciendo entre ese sueño asombroso.
     Y durante veinte años veremos alargarse sobre toda la ciudad, todavía estremecida por el genio de tantos siglos, como una mancha de tinta, la odiosa sombra de la odiosa columna de hierro forjado".



      Eiffel contestó a esta protesta, pero el éxito durante la Exposición, pues la torre recibió dos millones de visitantes, fue más contundente.




8 comentarios:

  1. Muy interesante Jane Kelder, muchas gracias por toda esta información

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  2. ¡Gracias a ti, Ana, por asomarte :)!

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  3. ¡Gracias por la entrada! :-) He visto que Gardenias en el lago ya está en digital, así que la próxima semana, cuando recargue la tarjeta de La Casa del Libro, lo compraré :-) ¡Tengo muchas ganas de leerlo! :-)

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  4. :) Ya me darás una opinión sincera, que los halagos no enriquecen ;)

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  5. ¡Claro! :-) De momento, mi libro favorito de los que tienes publicados es Hillock Park :-)

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  6. Creo que, de los publicados, a mí también.

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  7. ¡Espero no defraudar! Es la menos austenita ;)

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